Falta de luminosidad

La piel apagada no pierde luz de repente. Se va apagando poco a poco.

La falta de luminosidad suele aparecer cuando la piel acumula células muertas, se deshidrata y no consigue renovarse bien. El estrés, la falta de descanso y la exposición diaria a la contaminación también influyen, dejando la piel con un aspecto cansado y sin vida.

En muchos casos, no es un problema de brillo, sino de ritmo: la piel se renueva más lento, retiene peor la hidratación y refleja menos la luz.

Recuperar la luminosidad no va de exfoliar sin control ni de forzar la piel, sino de limpiar bien, hidratar de forma constante y ayudar a la renovación sin agredir.

Una selección adecuada de productos facilita el proceso y devuelve a la piel un aspecto más fresco y uniforme, sin sobreestimularla.